Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en la escuela y en el hogar

Por Lucía Ugarte. Psicóloga sanitaria (@lugarte.psico)

Hace unas semanas mi compañera Jone os hablaba en este post de los Trastornos de Conducta Alimentaria y la importancia del entorno de la persona (familiares, pareja, amigos…) en el proceso de tratamiento y recuperación del paciente. También es válido para personas que, sin un diagnóstico concreto, sufra síntomas relacionados con estas patologías. 

Aunque estos trastornos tengan una etiología multifactorial, donde se incluyen factores no modificables como la predisposición genética o la personalidad, se pueden identificar otros factores más fáciles de intervenir preventivamente. 

Implementar actividades de protección relacionados con la AUTOESTIMA, competencias emocionales, actitudes positivas hacia el cuerpo o reducir los prejuicios hacia la obesidad son objetivos a tratar en consulta, pero paralelamente en casa, en la escuela (en el caso de niñxs/adolescentes) también se puede hacer un trabajo de prevención o de acompañamiento que, en muchos casos, ES DE VITAL IMPORTANCIA, puesto que son en estos lugares donde más tiempo pasan en su día a día y donde se puede observar de cerca lo que ocurre.

Esto puede prevenir en ciertos casos que el trastorno aparezca, se desarrolle o empeore puesto que podríamos ver el sufrimiento de la persona, analizarlo y tratarlo lo antes posible, ya que NO SE TRATA DE UN PROBLEMA CON LA COMIDA, SINO QUE ES UNA FORMA DE HACER FRENTE A DIFICULTADES PSICOLÓGICAS 

Prevención en la escuela:

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El primer objetivo sería incrementar en los alumnos, conocimientos y concienciación sobre los trastornos de la conducta alimentaria, su etiología, desarrollo y consecuencias. 

Situaciones a observar y a tener en cuenta especialmente: 

-Burlas

-Conductas de control de peso

-Baja autoestima

-Preocupación por la imagen corporal y el peso

Para ello, lo ideal sería dotar a los profesionales de una formación específica para la aplicación de un programa de prevención en el aula y su consecuente supervisión en el que podríamos trabajar:

  • La aceptación de un amplio rango de pesos y figuras corporales,corrigiendo las posibles actitudes negativas hacia los individuos con sobrepeso.
  • Fomentar el desarrollo de una actitud positiva hacia el propio cuerpo.
  • La presión sociocultural existente hacia la delgadez.
  • Incrementar su percepción de ser queridos y valorados por sus principales figuras de apego.
  • Incrementar su nivel de autoestima y su percepción de autoeficacia.
  • Reducir la preocupación por los errores e incrementar la tolerancia a la frustración y las estrategias de afrontamiento relacionadas con la perseverancia y la práctica repetida.
  • Promover actitudes adecuadas respecto a la alimentación.
  • Enseñarles y facilitarles la adquisición de habilidades de relación y solución de conflictos interpersonales.
  • Incrementar su apoyo social percibido, fomentando un apego seguro y relaciones amistosas dentro y fuera de la clase.
  • Mejorar su competencia emocional a través del entrenamiento en habilidades adecuadas para el reconocimiento, regulación y expresión emocional.

Prevención en el hogar:

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Para los familiares de una persona que está sufriendo o comenzando con síntomas de TCA podemos facilitar información específica sobre los factores de riesgo de la enfermedad además de proporcionarles indicaciones claras de cómo actuar en relación a sus propios hijxs. 

Estos podrían ser algunos de los cambios que podemos ir llevando a cabo:

1-Fomentar hábitos alimentarios sanos

2-Comer en familia

3-Favorecer que el clima durante la comida sea positivo

4-No castigar ni premiar con la comida

5-Evitar los comentarios críticos sobre la forma, el peso o la figura…

Es necesario eliminar la tensión asociada a los momentos de la comida y no centrar todas nuestras conversaciones entorno a ésta por diversas razones, como las siguientes:

-No empeorar aún más las relaciones afectivas entre los familiares.

-No asociar aspectos negativos (discusiones, lloros, agresividad…) a los alimentos o su ingesta.

-Ir convirtiendo el momento de la comida en un espacio de tranquilidad y paz, que favorezca un clima seguro.

-Poder encontrar en el entorno familiar un espacio de comprensión y empatía.

-Eliminar discusiones alrededor de la alimentación. 

-Evitar recriminaciones entorno a lo que comen o dejan de comer. 

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El desarrollo de un plan prevención para los profesionales y con ello poder abastecerles con  estrategia con estrategias preventivas resultaría muy importante para la comprensión del origen y mantenimiento de los trastornos de conducta alimentaria y para que las familias, educadores o personas referentes de su entorno, estén capacitados para una detección temprana o prevención de la aparición de trastornos de conducta alimentaria en un futuro. 

Lucia Ugarte