Ni escalar el Everest, ni hacer una maratón

Por Eli Gallego, Dietista nutricionista y TSD (@elidietista). Fundadora de @elikaeskola.

Cuando nos encontramos mal tenemos mucha prisa

Prisa por sentirnos mejor y liberarnos del peso mental y físico que nos supone el no saber qué nos pasa, pero saber y sentir que NO estamos bien. 

Pero la prisa, como bien sabemos, es mala compañera y aún más cuando existe un trastorno funcional digestivo o una patología inflamatoria intestinal. Y qué decir, cuando la relación que tenemos con la comida no es buena. Situación que teniendo en cuenta los mensajes que recibimos a diario, no es nada rara hoy día.

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Querer mejorar siempre es positivo, siempre está bien, ya sea por salud, por salud mental, por mejorar una marca deportiva, por mejorar una conducta con la que no te sientes cómoda o que no te gusta… pero el cambio es un proceso que se debe cocinar a fuego lento. 

Nadie con dos dedos de frente pretende comenzar a entrenar en marzo y hacer una maratón en mayo o subir al Everest sin haber subido montañas inicialmente pequeñas y progresivamente más grandes

Sin embargo, aunque el fin por el que se quiere hacer el cambio sea buenísimo y la motivación sea alta, son muchas las personas que pretenden hacer cambios bruscos en su alimentación de una semana para otra (como muchos procesados y quiero empezar a comer bien, como muy sano pero poco diverso y quiero empezar a comer mejor, quiero dejar de comer proteínas animales, etc…).

Os cuento que los cambios bruscos en la alimentación, NO son saludables a nivel intestinal. Un cambio así puede ser el origen de trastornos funcionales digestivos y a nivel psicológico puede ser aún mas perjudicial. Un cambio brusco (con o sin restricciones) en el patrón alimentario habitual puede generarte agobio o estrés que, a su vez, incrementa los síntomas digestivos. 

Vivimos en la sociedad de la inmediatez, del conseguir todo en un clic. Y es esta dualidad, la de no poder mejorar en un clic y el estar obligada a frenar para mejorar la que muchas veces nos lleva a la desesperación. 

¿Eliges desesperación o frustración?

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Pues ni uno ni otro y por eso es súper recomendable el acompañamiento psicológico.

La desesperación aparece por llevar mal los cambios poco realistas que te propones y la frustración cuando a pesar del esfuerzo realizado, no mejoras ya sea porque la ansiedad que te produce el tener que realizar estos cambios poco realistas te supera, o porque pese a intentarlo, después de tanta restricción terminas dándote algún atracón. 

Ya sabéis que yo me ciño a mi campo, por lo que mis estrategias nutricionales son para mejorar a nivel gastrointestinal. Es decir, que no son para que una se vea estéticamente mejor, sino para no tener dolor, o gases, urgencia fecal, estreñimiento… y SI, en estos casos TAMBIÉN tenemos que atender a nuestra psique, y ver qué nos conviene. No es solo escoger una estrategia nutricional y otra y ya está. 

Una vez tengamos clara cuál es la estrategia nutricional más interesante para esta persona tendremos que ver por dónde empezamos. Ojo porque ya veis que hablo de estrategia nutricional para esta persona, no para esta situación o patología, porque no sólo hay que tener en cuenta la patología o como se alimenta esta persona. 

El intestino necesita “entrenamiento” y no es recomendable hacer muchos cambios alimentarios a la vez. Mejorar a nivel intestinal no es tan fácil (o difícil) como quitar de aquí o de allí. 

Es normalísimo escuchar a pacientes decir que un día una cosa les sienta bien y otro día la misma cosa les sienta mal

Lo primero que hay que decir es que donde vosotros veis comida o alimentos, yo veo moléculas más o menos fermentables o irritantes que se pueden acumular más o menos, produciendo mas o menos sintomatología.

Y lo segundo es que, por desgracia, hay muchos factores implicados en nuestra salud intestinal. Influye lo que comes, pero SOBRE TODO cómo lo comes, cuándo lo comes, cuánto comes, si duermes bien, si no duermes bien, si descansas o no, qué te quita el sueño, niveles de estrés, si haces o no ejercicio… Hacerle caso sólo a qué comes sin tener en cuenta esto otro, puede hacer que te frustres (y mucho) por no notar mejoría. 

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En cómo, cuánto, cuándo comes te puedo orientar hasta cierto punto

Sobre todo, voy a tener que contenerte y frenarte… Cada caso es distinto, pero probablemente, y si tu patología lo permite, voy a darte muchas opciones para que veamos, de todas ellas, cuál es para ti la más fácil, aquella por donde podemos empezar… En función de cómo estés intestinalmente, puede que sólo con estos cambios sea suficiente y nos resulte súper fácil (ojalá).

A veces, necesitaremos hacer más cambios y cuando te hayas acostumbrado al primero, ya no te resultará tan complicado implementar algún otro que a priori te parecía imposible y el ir sintiéndote cada vez mejor intestinalmente te ayudará a ir avanzando. Pero en otras situaciones tenemos que seguir probando y tenemos que hacer más y más cambios hasta encontrar el camino… 

En los casos en los que con dos cambios en tu alimentación ha sido suficiente, el trabajo psicológico de contención (ese pisar el freno que tanto os digo) es tan necesario como la elección de los alimentos, en el segundo de los casos, cuando es necesario hacer restricciones, la ansiedad, la frustración de no avanzar, los nervios y el estrés pueden hacer una aparición estelar cuando menos te lo esperes.

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En esto, yo no te puedo ayudar, aunque por supuesto estaré ahí para acompañarte y lo tendré siempre en cuenta. En estos casos lo ideal es que te agarremos tu psicóloga y yo cada una de una manita y te acompañemos juntas en el camino a tu mejora. 

Si os interesa que os ayudemos, podéis coger cita tanto con Lucía como conmigo desde la web Elikaeskola.com.

Aprovecho para comunicar a nutris que les interese, que pronto tendréis un curso práctico de cómo usar en la consulta la información de los cursos que hacemos de digestivo. Si queréis recibir información de las fechas de inicio etc. de primera mano, suscribíos a nuestra newsletter desde aquí: https://elikaeskola.com/suscribete/

Eli.