Aunque estemos a un paso del 2026 y ya tengas tus propósitos bien definidos en la lista, todavía estamos a tiempo de darles una vuelta. “Comer mejor”, “comer saludable”, “comer bien” o cualquiera de sus sinónimos suele estar en el TOP3 de propósitos de año nuevo. Pero… ¿Realmente sabemos qué es comer “mejor? ¿o “bien”?
Pedir citaPost de June Compañón, @june.nutricion
Te cuento lo siguiente:
- Mis claras intenciones
- El proceso de cambio de hábitos
- ¿Qué es comer mejor?
- No todo es alimentario
- Conclusión
1. Mis claras intenciones
No pretendo que elimines de la lista este propósito, para nada. Me parece que trabajar en nuestra alimentación es algo muy importante, ya que es algo que hacemos de manera diaria y con mucha frecuencia, por lo que tener una alimentación saludable y una relación saludable con la comida es indispensable para nuestra salud integral.
Ahora… ¿sabemos lo que es la alimentación saludable? Si nos conoces de hace tiempo, sabrás que, cuando hablamos de alimentación saludable, nos alejamos mucho de patrones dietéticos restrictivos y antiguos que para nada cumplen con la definición de salud, aunque así nos lo hayan vendido.
De manera muy resumida, para que la alimentación sea saludable tiene que cubrir y promover un bienestar en nuestras necesidades físicas, psicológicas y sociales. Por lo que, cada vez que hable de alimentación saludable, no olvides que no hablo de la famosa lechuga-pechuga, sino de un patrón alimentario en el que todos los alimentos tienen cabida, sin buenos ni malos, sin “porquerías”, donde una alimentación nutritiva es la base, pero con libertad de escoger qué me apetece, cuándo y cuánto, sin sentir culpa por comer por placer ni por “antojo”.

2. El proceso de cambio de hábitos
No hay un patrón de alimentación saludable universal ni general. Aunque hay algo que toda alimentación debe tener en común para que sea saludable: la flexibilidad.
Aunque nos han hecho creer que la alimentación debería estar alejada de sentimientos y emociones, y que queramos empeñarnos en conseguir un patrón alimentario donde únicamente nuestras necesidades físicas estén cubiertas, eso es completamente imposible e irreal. Somos un todo, todo está conectado. No podemos dejar los sentimientos, emociones, recuerdos… de lado cuando hablamos de comida.
Por lo tanto, en el proceso de cambio de hábitos, debemos intentar construir unos hábitos sostenibles en el tiempo, lejos de ser lo que nos han vendido como “perfecto” (¿acaso existe?). Cada caso es un mundo, por eso es importante que cuentes con la ayuda de una profesional que te guíe en el proceso.
En este camino, sí que es importante hacer tu alimentación más nutritiva (si no lo es lo suficiente), pero también que consigas unos hábitos con los que no pelees, estés tranquila y cubras todas tus necesidades. Esto suele ser un poco ensayo-error: descubrir nuevos alimentos (algunos te gustarán, otros no), habrá dificultades en el proceso que tendremos que ir gestionando de la mejor manera posible, e incluir hábitos (algunos cuadrarán bien contigo, otros no, y no pasa nada).
Este proceso se basa en el autoconocimiento y el aprendizaje; en adquirir herramientas que te sirvan para la gestión de diferentes situaciones que se planten en tu día a día.

3. ¿Qué es entonces comer “mejor”?
No me gusta utilizar “mejor” o “peor” para categorizar la alimentación, porque cada persona, en base a sus conocimientos, situación, herramientas… la gestiona como puede o como sabe. La manera en la que nos alimentamos viene de un aprendizaje en el que han influido muchas cosas.
Pero ahora bien, en ese intento de “mejorar” la alimentación que hacemos cada año, te voy a decir lo que no va a mejorar ni tu alimentación ni la relación que tienes con esta:
- Dejar de escuchar a tu cuerpo y comer “lo que toca”.
- Que no haya espacio para el placer.
- Eliminar por completo (o evitar al máximo) alimentos que nos gustan.
- Categorizar alimentos como “buenos” y “malos”.
- Evitar eventos sociales “por no comer mal”.
Pero para que tu alimentación sí sea más respetuosa contigo, podemos:
- Trabajar en el permiso (que no, no va a hacer que te descontrole).
- Aprender a escucharnos: ¿qué me apetece?, ¿por qué?, ¿cuánto quiero…?
- Dejar a un lado sentimientos de culpa e ideas de compensación.
- Trabajar en añadir alimentos, no en quitar otros.
- Desmentir creencias alimentarias erróneas.
Créeme, vivirás mucho más tranquila
4. No todo es alimentario
Aunque, a efectos prácticos, una nutricionista puede ayudarte en muchos aspectos, muchas veces no somos nada sin nuestras compañeras psicólogas. Como ya he mencionado a lo largo de este post, la comida está directamente relacionada con nuestros sentimientos, emociones y creencias, y en ocasiones necesitamos aprender a gestionar todo lo que se mueve alrededor de la alimentación.
No solo comemos por hambre física. Comemos por placer, por costumbre, por conexión social, por recuerdos y, en muchas ocasiones, para regular emociones. Y esto no es algo negativo ni un error que haya que corregir. La comida puede ser una herramienta de gestión emocional válida y útil, siempre y cuando no sea la única estrategia de la que disponemos.
Por eso, en algunos procesos, el acompañamiento psicológico es clave para trabajar la culpa, el miedo a ciertos alimentos, la rigidez, la autoexigencia o la relación con el cuerpo. Integrar nutrición y psicología nos permite abordar la alimentación desde un enfoque más completo, realista y respetuoso, teniendo en cuenta a la persona en su totalidad, no solo lo que come.
Cuidar la alimentación no va de controlar, sino de comprender. Y muchas veces, para comprendernos mejor, necesitamos apoyo profesional que nos ayude a construir una relación más amable con la comida y con nosotras mismas.
5. Conclusión
Hablar de “comer mejor” como propósito de Año Nuevo no debería implicar volver a normas rígidas, prohibiciones ni control constante. La alimentación no se mejora desde el castigo ni desde la culpa, sino desde el respeto, la escucha y la flexibilidad.
No existe una única manera correcta de alimentarse, ni un patrón universal que funcione para todas las personas. Cada historia, contexto y momento vital influyen en cómo comemos, y tener esto en cuenta es clave para construir hábitos que realmente se sostengan en el tiempo.
Mejorar la relación con la comida pasa por dejar de luchar contra el cuerpo, permitirnos todos los alimentos, integrar el placer y entender que comer también es un acto emocional y social. La nutrición es importante, pero no puede separarse de lo psicológico: somos un todo, y todo está conectado.
Si este año decides revisar tu alimentación, que no sea desde la exigencia de hacerlo perfecto, sino desde la intención de cuidarte mejor. Porque comer de forma más respetuosa no va de hacerlo “bien”, va de hacerlo posible, amable y alineado contigo.

Si crees que necesitas ayuda:
Y… si crees que las navidades se te están haciendo cuesta arriba y necesitas un pequeño empujón te dejo esto por aquí: